Hace unos años la pregunta que a uno le hacían toda vez que se
mencionaba el software de código fuente abierto era "¿Cómo se sostiene
una actividad que no deja ninguna ganancia?" Aparte de que la apertura
del código no significa que no haya ganancias, hoy, con la difusión
lenta pero segura de la distribución de Linux Ubuntu, la irrupción del
software gratis de gigantes como Google en el territorio antes dominado
por Microsoft, la presencia cada vez mayor de los navegadores como
entornos de trabajo e Internet como una suerte de sistema operativo
difuso, la pregunta ha cambiado, aunque todavía se expresa con algún
temor. La pregunta ahora es: "¿Por cuánto tiempo más el software
comercial en caja seguirá siendo una actividad sustentable?"